Madres que envejecen cuidando cuando la discapacidad grave permanece en casa toda una vida
A las seis y media de la mañana la casa todavía está oscura. En la calle no se oye nada. Ni coches, ni voces, ni pasos. Solo el zumbido bajo del frigorífico, el roce de unas zapatillas sobre el pasillo y el pequeño crujido de una puerta que se abre despacio para no sobresaltar a…

