El 67% del empleo de las personas con discapacidad sigue concentrado en ocupaciones con competencias estabilizadas o en declive, según el último informe de Fundación Randstad, que advierte además de un desajuste creciente entre la formación del colectivo y los puestos a los que accede.
El mercado laboral de las personas con discapacidad avanza, pero no al mismo ritmo en todos los frentes. El informe de Fundación Randstad constata que el 67% del empleo de este colectivo se sitúa en ocupaciones vinculadas a competencias estabilizadas o en retroceso, mientras que cerca del 39% de las competencias actuales cambiarán antes de 2030.
El estudio también señala que en la última década han crecido con fuerza las ocupaciones técnicas y profesionales, con incrementos superiores al 70%, pero al mismo tiempo han aumentado un 56,5% las ocupaciones elementales, un tipo de empleo más expuesto a la automatización y a la sustitución de tareas rutinarias. Ese crecimiento se produce en un contexto en el que el 82% de las personas con discapacidad tiene estudios medios o superiores, aunque solo el 23% llega a puestos de alta cualificación.
La paradoja se repite en otros datos del informe. La educación superior ha aumentado un 53% en diez años, la secundaria un 31% y los niveles educativos bajos han bajado un 38%, pero esa mejora no se traduce de forma proporcional en el tipo de empleo disponible. De hecho, aunque el 32% de las personas ocupadas con discapacidad tiene estudios superiores, únicamente el 23% trabaja en ocupaciones de alta cualificación, mientras que las tareas elementales agrupan el 22% del empleo pese a que solo el 7% de las personas ocupadas cuenta con estudios básicos.
En esta línea, la directora de Acción Social de Fundación Randstad, Silvia Galán, subraya que los datos reflejan “un avance educativo sin precedentes”, pero también evidencian que esa formación todavía no encuentra suficiente reflejo en el mercado laboral. La entidad insiste en que el reto pasa por reforzar la formación continua, facilitar la transición hacia sectores emergentes y alinear mejor las competencias con las necesidades reales del empleo.
Fundación Randstad ya venía alertando en estudios anteriores de que la automatización afecta con especial intensidad a las ocupaciones elementales, precisamente las que suelen concentrar una parte relevante del empleo de las personas con discapacidad. Además, la entidad cerró 2025 con su mayor tasa de integración laboral en dos décadas, con 2.827 incorporaciones y una tasa del 44% entre las personas atendidas, un dato que muestra que la inserción mejora, pero todavía convive con importantes barreras estructurales.
El dato de fondo, según concluye el informe, es que el colectivo ha mejorado en formación y presencia laboral, pero sigue existiendo una brecha notable entre la cualificación alcanzada y el tipo de empleo al que realmente accede.
Más información


