El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida ha dado a conocer el conjunto de recursos de accesibilidad a la comunicación que ha implantado en la edición de este año, con el objetivo de que cualquier persona pueda seguir la programación en igualdad de condiciones.
La iniciativa vuelve a contar con el respaldo de Fundación Caja Badajoz, una colaboración sostenida desde 2018 que ha contribuido a consolidar al certamen como uno de los referentes en inclusión cultural.
En el acto de presentación han intervenido la secretaria general de Vivienda, Arquitectura, Accesibilidad y Regeneración Urbana de la Junta de Extremadura, Lidia López; la delegada de Accesibilidad Universal e Inclusión del Ayuntamiento de Mérida, Susana Fajardo; el director del Festival, Jesús Cimarro; el director general de Fundación Caja Badajoz, Iván Manzano; y el técnico de accesibilidad de la Oficina de Accesibilidad Sensorial de Extremadura Raúl Ordóñez.
En su intervención Jesús Cimarro ha subrayado que la accesibilidad ya no es un añadido, sino una seña de identidad del festival. A su juicio, hablar de cultura inclusiva implica no solo eliminar barreras para el público, sino también abrir los procesos creativos a la participación de personas con discapacidad. En esa línea, ha puesto como ejemplo la representación de Medea a cargo de la compañía Sa Boira, integrada por intérpretes con ceguera o discapacidad visual, como muestra de que el talento escénico no entiende de límites.
Lidia López ha definido el festival como un hito cultural que marca el camino en materia de accesibilidad, insistiendo en la necesidad de reforzar la colaboración entre administraciones y entidades especializadas para garantizar el acceso universal a la cultura.
Una idea en la que también ha incidido Susana Fajardo, quien ha destacado el papel de Mérida como destino de referencia para espectadores con discapacidad que buscan propuestas culturales accesibles en un entorno patrimonial único.
Iván Manzano ha recordado que el apoyo de la entidad responde a un compromiso firme con la igualdad de oportunidades. Además, ha puesto el acento en que el festival no se limita a eliminar barreras físicas, sino que trabaja de forma decidida la accesibilidad a la comunicación mediante herramientas específicas que lo sitúan entre los eventos culturales más avanzados en este ámbito, también fuera de España.
Finalmente, Raúl Ordóñez ha defendido que garantizar la accesibilidad a la comunicación es una cuestión de derechos. Tras más de una década de trabajo conjunto, ha señalado, el Festival de Mérida se ha convertido en un modelo consolidado que atrae a público de distintos puntos del país gracias a la fiabilidad y calidad de sus servicios.
Durante el festival los asistentes disponen sin coste de diversos apoyos dirigidos especialmente a personas con discapacidad auditiva o visual. Entre ellos se encuentra el bucle magnético instalado en el Teatro Romano, que mejora la audición a usuarios de audífonos o implantes cocleares, y el subtitulado en directo, accesible tanto en pantallas como en dispositivos móviles mediante código QR.
A estas herramientas se suma la audiodescripción en tiempo real, que permite seguir la acción escénica a través de receptores individuales, así como las visitas táctiles previas (conocidas como Touch Tour) en las que los asistentes pueden recorrer el escenario y familiarizarse con escenografía y vestuario antes de la función. El programa incluye también mochilas vibratorias que transforman el sonido en vibraciones, facilitando la experiencia a personas sordas, y programas de mano adaptados a lectura fácil para mejorar la comprensión.
Estos recursos pueden solicitarse gratuitamente en la taquilla o a través de los canales habilitados por la organización, lo que facilita su uso y amplía el alcance de las medidas.
El Festival de Mérida ha ido incorporando progresivamente criterios de accesibilidad en los últimos años, en línea con las políticas culturales impulsadas a nivel estatal y europeo. Iniciativas como esta no solo responden a una demanda social creciente, sino que también refuerzan el papel de la cultura como espacio compartido, abierto y participativo. Con este enfoque, el certamen continúa avanzando hacia un modelo en el que la experiencia cultural no dependa de las capacidades individuales, sino del derecho común a disfrutarla.


