La provincia de Cáceres ha vivido una experiencia poco habitual, en la que personas de entre 60 y 84 años se han convertido en protagonistas del debate sobre la inteligencia artificial. Lo han hecho a través del programa ‘IA Sénior: La inteligencia artificial, un agente de inclusión digital y social’, promovido por la Diputación de Cáceres en colaboración con la Red Sénior de Extremadura. La iniciativa, que se ha desarrollado durante 12 semanas, ha reunido a más de 60 participantes procedentes de 14 municipios, en su mayoría entornos rurales.
La clausura ha tenido lugar en el complejo cultural Santa María de Plasencia, con una mesa redonda en la que intervinieron el presidente de la Diputación, Miguel Ángel Morales; el presidente de la Red Sénior, Pedro Hernández; la directora del proyecto, Inma Carretero; y varios alumnos. Allí se compartieron experiencias que reflejan cómo la tecnología ha dejado de percibirse como una barrera. Una de las participantes, Elena, resumió ese cambio al explicar que lo que parecía un obstáculo terminó siendo “una puerta a un mundo fantástico”.
Durante el programa, los asistentes han explorado aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial en ámbitos cotidianos como la salud, la vivienda, el consumo, la seguridad o el turismo. Algunos ejemplos ilustran ese aprendizaje: desde pedir a una herramienta que sugiera menús tras fotografiar el contenido de la nevera, hasta diseñar patrones de costura a medida, resolver dudas sobre averías de vehículos, identificar plantas medicinales o generar bases de datos para asociaciones. Pedro Hernández subrayó el contraste generacional al recordar que muchos venían “de la pizarra y el pizarrín” y ahora manejan soluciones digitales avanzadas.
El balance ha sido tan positivo que los participantes reclamaron continuidad en este tipo de formación, adaptada a su ritmo. Miguel Ángel Morales recogió esa demanda y aseguró que el proyecto seguirá ampliándose para llegar a más localidades, defendiendo que el mundo rural puede liderar innovaciones útiles cuando estas responden a necesidades reales.
Uno de los resultados más relevantes ha sido la elaboración del Manifiesto ciudadano por una inteligencia artificial ética, redactado por los propios participantes. El documento plantea que el acceso a la inteligencia artificial debe considerarse un derecho y no un privilegio, alertando de que la brecha digital actual ya no depende solo de infraestructuras, sino también del conocimiento, el coste y el acompañamiento. También reclama que la formación digital se integre como un pilar del sistema educativo con criterios pedagógicos claros.
El texto presta especial atención a la privacidad, proponiendo sistemas de información más comprensibles sobre el uso de datos personales, frente a los extensos y complejos términos legales actuales. Además, aborda cuestiones como la ciberseguridad, la desinformación y los riesgos de dependencia emocional respecto a la tecnología, insistiendo en que la inteligencia artificial debe reforzar la autonomía de las personas mayores y no sustituir sus relaciones humanas.
España, como el resto de la Unión Europea, avanza en la aplicación del Reglamento de Inteligencia Artificial aprobado en 2024, que busca garantizar un uso seguro y ético de estas tecnologías. Al mismo tiempo, el envejecimiento de la población, especialmente acusado en regiones rurales como Extremadura, convierte la inclusión digital de los mayores en un desafío clave. Programas como ‘IA Sénior’ apuntan a una vía concreta para afrontarlo, situando a este colectivo no solo como usuarios, sino como agentes en la definición del futuro tecnológico.


