SociedadEl programa 'Mi casa' de Plena inclusión Extremadura consolida en Montijo un modelo de vida independiente para personas con discapacidad intelectual
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Varias personas con discapacidad intelectual desarrollan en Montijo su proyecto de vida de forma autónoma gracias al programa ‘Mi casa’, una iniciativa de Plena inclusión Extremadura gestionada por Plena inclusión Montijo que promueve la vida en comunidad y demuestra que la inclusión plena es posible cuando se prestan apoyos individualizados y ajustados a cada persona.

El programa, que avanza en el proceso de desinstitucionalización en Extremadura, sustituye los grandes centros por viviendas integradas en entornos vecinales donde los residentes toman sus propias decisiones, comparten responsabilidades y participan activamente en la dinámica del barrio. Se trata de un cambio de paradigma que pone en el centro a la persona y refuerza su autonomía y bienestar emocional.

Este espíritu de inclusión fue el que conoció de cerca la presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, durante su visita a una de las viviendas. Acompañada por el alcalde de la localidad, Javier Cienfuegos; la consejera de Salud y Servicios Sociales en funciones, Sara García Espada; y la directora gerente del SEPAD en funciones, Estrella Martínez, pudo conversar con los residentes y conocer su día a día, así como el papel de los profesionales que los acompañan en su proceso hacia una vida más independiente.

El presidente de Plena inclusión Extremadura, Pedro Calderón, que también asistió a la visita acompañado por el director gerente de la entidad, Sebastián González, destacó que este programa se ha convertido en “un referente del nuevo modelo de apoyos que busca garantizar la igualdad de oportunidades y la inclusión real en la comunidad”. También subrayó la colaboración constante con el SEPAD y la contribución del Fondo Social Europeo, cuya financiación ha permitido consolidar este tipo de recursos innovadores en toda la región.

La experiencia de Montijo refleja que, con los apoyos adecuados, las personas con discapacidad intelectual pueden ejercer su derecho a decidir dónde y con quién vivir, demostrando que otra forma de convivencia y de atención social es posible.