Más de 7.000 estudiantes con ceguera o discapacidad visual grave comienzan estos días el curso en España, 135 de ellos en Extremadura, y el 99% lo hace en centros ordinarios con el apoyo de los equipos de atención educativa de la ONCE para seguir el currículo en igualdad de oportunidades.
En este sentido, la organización subraya que la inclusión no puede limitarse al aula, porque la vida escolar también se construye en otros espacios cotidianos que resultan decisivos para el desarrollo personal y social del alumnado.
Así, la responsable de Atención Educativa de la ONCE, Ana Llauradó, recuerda que momentos como el recreo, el comedor, los horarios ampliados y las actividades complementarias y extraescolares son esenciales para el aprendizaje y para fortalecer la autonomía personal y las competencias sociales. De ahí que defienda que el alumnado con discapacidad visual no solo tiene derecho a estar presente en esos ámbitos, sino también a participar en ellos en las mismas condiciones que el resto de compañeros.
En el caso del recreo, la ONCE insiste en que debe plantearse como un entorno real de convivencia, con patios accesibles, organizados por zonas y con propuestas variadas que faciliten el juego compartido y la interacción. También considera importante que el alumnado disponga de juegos inclusivos que pueda elegir y disfrutar con autonomía, siempre con la supervisión adecuada de personas adultas.
El comedor escolar aparece, además, como un espacio especialmente útil para afianzar destrezas básicas del día a día. Según explica Ana Llauradó, allí se puede reforzar la autonomía en tareas como la alimentación o el aseo, mientras los técnicos de rehabilitación enseñan a estos estudiantes a cortar alimentos, servirse agua o mantener hábitos de higiene personal, al tiempo que orientan a los profesionales que trabajan en esos entornos para consolidar ese aprendizaje cotidiano.
La entidad extiende esa misma mirada a las actividades complementarias y a las extraescolares. Las primeras, que se desarrollan dentro del horario lectivo, enriquecen la enseñanza mediante experiencias prácticas y vivenciales, y para que todo el alumnado pueda participar conviene incorporar enfoques multisensoriales y preparar con antelación los materiales adaptados cuando sea necesario; las segundas, por su parte, abren la puerta a descubrir intereses, desarrollar capacidades artísticas o deportivas y reforzar los vínculos sociales, algo especialmente valioso para un desarrollo integral.
La ONCE sostiene este modelo con equipos específicos de atención educativa compuestos por más de 400 profesionales en toda España, entre personal docente, psicólogos, trabajadores sociales, técnicos de rehabilitación, instructores de tiflotecnología y braille, especialistas en animación sociocultural y mediadores para alumnado con sordoceguera. Su labor abarca la atención directa a los estudiantes, el acompañamiento a las familias y el asesoramiento al profesorado con recursos y estrategias para garantizar el acceso al currículo ordinario en igualdad de condiciones.


