La compañía extremeña ‘Atutiplan’ ha impulsado un proyecto de teatro inclusivo en la comarca de Tierra de Barros-Río Matachel, que ha culminado con la representación de la obra ‘Troyanas. Mujeres en guerra’ en siete municipios de la mancomunidad, en una iniciativa financiada a través de los Presupuestos Provinciales Participativos de la Diputación de Badajoz.
Bajo la dirección y dramaturgia de Miguel Ángel Latorre, el proyecto ha reunido a 28 participantes en un proceso creativo basado en la inclusión, la diversidad y la participación colectiva, combinando formación teatral y convivencia entre personas con y sin discapacidad, y convirtiendo el escenario en un espacio compartido de aprendizaje, expresión y reivindicación social.
El proceso comenzó con sendos talleres en Hornachos y Ribera del Fresno, donde los participantes trabajaron en la construcción de la obra; el objetivo ha sido demostrar que la inclusión no es únicamente un simple discurso, sino una realidad que sirve para reflejar cada ensayo y cada voz que forma parte de este proyecto. Como punto final del proyecto la obra se ha representado en Villafranca de los Barros, Hornachos, Puebla de la Reina, Puebla del Prior, Hinojosa del Valle, Palomas y Ribera del Fresno.
‘Troyanas. Mujeres en guerra’ pone el foco en las mujeres que sufren la guerra, en su dolor, su resistencia y su memoria desde una mirada contemporánea. La propuesta conecta el texto clásico con conflictos y violencias que siguen presentes hoy en día. El elemento principal es el coro inclusivo, integrado por mujeres distintas hablando a una sola voz, más allá de cualquier etiqueta o capacidad, convirtiendo el escenario en un espacio de igualdad, dignidad y reivindicación.
El proyecto ha contado con la colaboración de ayuntamientos, asociaciones y colectivos culturales y sociales de la comarca, entre ellos Plena inclusión Villafranca de los Barros, el centro ‘La Providencia’ de Ribera del Fresno y grupos teatrales locales como ‘Batilo Teatro’ y ‘Palique Teatro’ de Hornachos.
Con esta iniciativa, la Diputación de Badajoz refuerza su apuesta por proyectos culturales inclusivos capaces de fomentar la participación social, generar comunidad y acercar las artes escénicas a todos los municipios de la provincia.
Hemos tenido la oportunidad de hablar con el director y dramaturgo de la obra, Miguel Ángel Latorre.
¿Cómo nace la idea de poner en marcha este proyecto de teatro inclusivo en Tierra de Barros-Río Matachel?
La idea nace de las propuestas que la Diputación de Badajoz recibe a través de los Presupuestos Provinciales Participativos. Entre las iniciativas planteadas por la ciudadanía surgió la creación de un taller de teatro inclusivo para la comarca de Tierra de Barros-Río Matachel, que finalmente fue aprobada. Desde el primer momento vimos una oportunidad maravillosa para crear un espacio de encuentro donde las artes escénicas sirvieran para derribar barreras y generar vínculos entre personas con y sin discapacidad. A partir de esta idea se planteó una obra que en sí misma fuese una reivindicación de la diversidad, el trabajo en conjunto, con la idea que diversas voces crearan un grito común.
¿Qué supone para usted dirigir una obra con un elenco tan diverso?
Supone un enorme aprendizaje. En este tipo de proyectos uno descubre que el proceso es incluso más importante que el resultado final. Durante el camino se crean relaciones, apoyos naturales y amistades que van mucho más allá del escenario. También se rompen muchos prejuicios sobre las capacidades de las personas y entendemos que cada participante aporta algo único al grupo. Como director es un privilegio acompañar ese proceso y ver cómo el teatro transforma a las personas, tanto a los alumnos como a los propios espectadores, que ven cómo las fronteras se diluyen y son menos grandes de lo que pensábamos.
¿Por qué eligieron precisamente ‘Troyanas’ como punto de partida para este proyecto?
Elegimos ‘Troyanas’, adaptada de los textos clásicos de Eurípides, que nos habla de la tragedia de las supervivientes de Troya, porque es una obra que trata la dignidad humana, el sufrimiento, la pérdida y, sobre todo, la capacidad de resistir y salir adelante. Son temas universales con los que cualquier persona puede identificarse. Además, es un texto profundamente coral, donde el protagonismo se comparte y donde la fuerza del grupo es esencial, algo que encaja perfectamente con la filosofía de un proyecto inclusivo, en el que todas las voces son importantes y todas merecen ser escuchadas.
¿Cómo ha sido el proceso de trabajo y convivencia entre personas con y sin discapacidad durante los talleres?
Las diferencias desaparecen muy pronto cuando se trabaja desde la creatividad y las emociones. Todos han aprendido de todos. Cuando el juego toma el protagonismo y se construye dentro de un espacio de inclusión, de libertad, de puesta en valor de las capacidades individuales, se generan relaciones de compañerismo y respeto mutuo, y se acaba construyendo una ‘familia’.
¿Qué poso le deja esta experiencia a nivel profesional y personal?
Me deja la certeza de que el arte tiene un enorme poder transformador. A nivel profesional se hace más que necesario la construcción de espacios donde todas las personas tengan cabida desde el principio, dónde la voz de todos tenga una entidad propia y pueda ser escuchada sin barreras. Y a nivel personal me llevo una gran lección de humanidad, de generosidad y de superación. El teatro es un gran acto de generosidad, dónde cada una de las actrices y de los actores participantes han gritado y expuesto sus debilidades, pero también sus fortalezas.
¿Qué papel juega el teatro como herramienta de inclusión social y transformación comunitaria?
El teatro es una herramienta extraordinaria porque nos permite ponernos en el lugar del otro, escuchar, cooperar y expresar emociones. Sobre el escenario desaparecen muchas etiquetas y las personas se relacionan desde la igualdad; interpretan, pero se apoyan y ayudan en una unión colectiva sin prejuicios que pocas veces se consigue. Además, cuando un proyecto como este llega a un pueblo también transforma la mirada del público y ayuda a construir una sociedad más abierta, más sensible y más inclusiva.
¿Ha habido algún momento especialmente emotivo o significativo durante el desarrollo del proyecto?
Han sido muchos. Pero lo que ve el público es solo la punta del iceberg de todo lo que se ha vivido. Tras el espectáculo, tras el telón y el escenario, continúa ese apoyo mutuo, ese respeto para con el otro, esa empatía y esa sensación de que las diferencias no son tales cuando uno se mira en los ojos del otro. La mano tendida, el respeto a la diversidad, la empatía han sido claves para el proyecto, más incluso fuera de las tablas.
¿Le gustaría dar continuidad a este tipo de proyectos inclusivos en el futuro?
Sin ninguna duda. De hecho, creo que este tipo de iniciativas no deberían ser excepcionales, sino formar parte de la programación cultural habitual de nuestros municipios. El teatro inclusivo demuestra que el arte puede ser un espacio de encuentro, de aprendizaje y de transformación social, y ojalá podamos seguir desarrollando proyectos similares en el futuro.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a través de esta obra y de sus protagonistas?
Me gustaría transmitir que todas las personas tenemos una historia que merece ser escuchada y que la diversidad nos enriquece como sociedad. Esta obra habla de la capacidad de resistir, de apoyarnos unos a otros y de encontrar esperanza incluso en los momentos más difíciles. Y, sobre todo, quiere recordarnos que la inclusión no es un acto de solidaridad, sino una cuestión de justicia y de convivencia.


